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GRUPO ATLANTISCorreduría de Seguros

Infraseguro y sobreseguro: pagar de más, cobrar de menos

Qué son el infraseguro y el sobreseguro, cómo afectan a tu prima y a la indemnización, y cómo fijar bien el capital asegurado en cualquier ramo.

Dos preguntas que casi nadie se hace al firmar una póliza: ¿esta cifra de capital de dónde ha salido? ¿Y alguien la ha vuelto a mirar desde entonces? De ahí nacen los dos errores más caros del seguro de daños. Uno hace que cobres menos de lo que necesitas. El otro, que pagues prima por algo que no vas a cobrar nunca. Los dos viven en la misma casilla de las condiciones particulares.

La casilla que lo decide todo

En un seguro de daños hay tres cifras que conviene no confundir:

  • Valor real: lo que cuesta hoy reponer o reconstruir lo asegurado.
  • Capital asegurado: la cifra que figura en la póliza.
  • Indemnización: lo que acabas cobrando, que depende de las dos anteriores.

Cuando el capital es inferior al valor real, hay infraseguro. Cuando lo supera de forma notable, hay sobreseguro. Y hay un principio de fondo que explica los dos: el seguro de daños repara un daño, no genera un beneficio. Nadie puede salir ganando con un siniestro.

Infraseguro: cobras menos, y en todos los siniestros

Aquí actúa la regla proporcional del artículo 30 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro: la aseguradora indemniza en la misma proporción que hay entre el capital asegurado y el valor real.

Indemnización = Daño × (Capital asegurado ÷ Valor real)

Lo que sorprende no es el tope, sino que el recorte se aplica también a los siniestros pequeños. Si estás asegurado al 60 % de lo que vale, un daño de 5.000 € se indemniza en 3.000 €. Y así en cada parte, año tras año.

Hasta aquí el concepto. El desarrollo, con números y con los pasos para corregirlo, está en los dos sitios donde este problema aparece de verdad: en los edificios en régimen de propiedad horizontal, donde el capital se fijó hace años y nadie lo tocó, que es el infraseguro en la comunidad y la regla proporcional; y en el almacén de una empresa, con las existencias mal declaradas. Si tu caso es uno de esos dos, ve directamente allí.

Lo que sigue es la otra mitad del problema, la que casi nadie cuenta porque no duele en el momento.

Sobreseguro: pagas de más y tampoco cobras de más

El error inverso es menos visible porque no duele hasta que llega el siniestro… y entonces tampoco compensa. Si aseguras por 400.000 € una nave cuyo valor real es de 250.000 €, has pagado prima por 150.000 € que no existen. El día del incendio total, la aseguradora indemniza el daño efectivamente causado, no la cifra de la póliza.

Dicho de otro modo: el sobreseguro no compra más indemnización. Solo compra más prima.

La buena noticia es que la Ley de Contrato de Seguro contempla la corrección. Detectado el exceso, cualquiera de las partes puede pedir que se reduzcan la suma asegurada y la prima, con devolución del exceso de primas cobradas en los términos que la propia ley prevé. Para eso hay que detectarlo, claro, y para detectarlo alguien tiene que sentarse con las condiciones particulares y el valor real delante.

De dónde sale un capital inflado, porque casi nunca sale de un exceso de prudencia:

  • Un criterio de valoración equivocado desde el principio. Asegurar un edificio por lo que vale en el mercado, cuando lo que habría que reponer es la construcción y no el suelo. Donde el suelo pesa mucho en el precio, la diferencia es enorme.
  • Bienes que han perdido valor y capitales que no. Maquinaria, equipos o instalaciones que siguen asegurados por lo que costaron hace doce años, en una póliza que indemniza a valor real con depreciación por antigüedad.
  • Un negocio que ha cambiado y una póliza que no. Se vendió maquinaria, se redujo el stock, se cerró una línea de producto. Una reducción del riesgo nunca se comunica con la misma diligencia con la que se comunicaría una ampliación, y sin embargo también da derecho a revisar la prima.
  • Una revalorización automática aplicada sobre una base ya alta. Un capital de partida generoso, indexado durante ocho años, deja de responder a nada: la cláusula no distingue, actualiza lo que encuentra. Cómo funciona está en revalorización automática de capitales.
  • El mismo bien asegurado dos veces. Pasa más de lo que parece: una garantía incluida en la póliza de la comunidad y repetida en la del hogar, un equipo cubierto a la vez en el multirriesgo y en una póliza específica. Dos primas no compran doble indemnización; el daño se repara una vez y las compañías se reparten el pago.

Y una advertencia que conviene tener presente. Todo lo anterior son errores, y los errores se corrigen sin drama. Distinto es inflar el capital a propósito: cuando el sobreseguro se ha buscado de mala fe, el contrato deja de ser eficaz y la aseguradora no responde. Es la consecuencia lógica del principio con el que abre este artículo —el seguro repara un daño, no genera un beneficio— y explica por qué las compañías miran con lupa los capitales que no cuadran con el riesgo declarado.

El problema práctico del sobreseguro es que nadie te va a avisar. Un capital corto sale a la luz el día del siniestro, con disgusto, pero sale. Un capital sobrado no se manifiesta nunca: se limita a cobrarte de más cada año, en silencio, y solo aparece si alguien lo busca.

Infraseguro Seguro pleno Sobreseguro
Capital vs. valor real Por debajo Ajustado Por encima
Prima Más baja Correcta Más alta de lo necesario
Indemnización Reducida en proporción El daño íntegro El daño, no el capital
Cómo se corrige Actualizar el capital Revisión periódica Reducir suma y prima

Cómo se fija bien el capital, ramo por ramo

No hay una regla única. Cada tipo de bien tiene su criterio de valoración:

  • Edificio o continente: coste de reconstrucción a nuevo, no valor de mercado ni valor catastral. No se asegura el suelo; se asegura volver a levantar lo construido, con honorarios técnicos, licencias y desescombro incluidos.
  • Contenido de vivienda: coste de reposición a nuevo de muebles, electrodomésticos, ropa y enseres. La comprobación honesta es imaginar que hay que comprarlo todo otra vez hoy. Si nunca has separado bien las dos cifras, empieza por la diferencia entre continente y contenido.
  • Maquinaria e instalaciones: valor de reposición del equipo equivalente, incluyendo transporte y montaje. En las islas ese matiz pesa: traer y montar una máquina no cuesta lo mismo que en la Península.
  • Existencias: valor de coste, no precio de venta, y con la vista puesta en las puntas de campaña. Un almacén de temporada alta no se parece al de febrero.
  • Pérdida de beneficios: no es un bien, es margen bruto proyectado sobre un periodo de indemnización realista.
  • Responsabilidad civil: aquí no hay valor real que medir. No se habla de capital, sino de límite por siniestro y por anualidad. Ni infraseguro ni sobreseguro: se elige por exposición al riesgo.
  • Vida y accidentes: son seguros de sumas, no indemnizatorios. El capital se pacta y se cobra íntegro; el criterio es qué necesitan los tuyos si faltas, no el valor de nada.

Las cláusulas que amortiguan el error

Muchas pólizas incorporan mecanismos para que una desviación razonable no arruine la indemnización. Conviene saber si la tuya los lleva y hasta dónde llegan:

  1. Revalorización automática: actualiza capitales y prima cada año según un índice.
  2. Compensación de capitales: permite trasvasar excedente de una partida sobrada a otra corta dentro de la misma póliza.
  3. Derogación de la regla proporcional o cláusula de margen: la aseguradora renuncia a aplicarla si la desviación no supera un porcentaje pactado.
  4. Capital a primer riesgo: se asegura una cantidad concreta y se indemniza hasta ella sin proporción, útil cuando valorar el total es inviable.

Ninguna sustituye a un capital bien puesto. Todas dan margen para el error humano, que existe siempre.

Cómo revisarlo sin ser perito

Coge las condiciones particulares y haz tres comprobaciones. Primero, mira la fecha: si el capital no se ha movido en varios años, es sospechoso por defecto. Segundo, divide el capital de continente entre los metros cuadrados construidos y compara con lo que cuesta hoy construir en tu isla. Tercero, revisa si has hecho obras, comprado maquinaria o ampliado stock sin comunicarlo. Comunicar la agravación o la variación del riesgo es una carga del tomador, y cumplirla te protege a ti.

Dónde entra un corredor

Como corredores de seguros, esta revisión es previa a cualquier propuesta: comprobar los capitales, contrastarlos con el valor real, mirar qué cláusulas amortiguan la desviación y, solo después, pedir alternativas a varias aseguradoras. Asesoramos con independencia, sobre la base de un análisis objetivo de un número suficiente de contratos del mercado, conforme al RD-ley 3/2020 de distribución de seguros, y eso incluye decirte cuándo estás pagando por capital que no vas a cobrar.

A veces la conclusión es que tus cifras están bien y no hay nada que tocar. Se dice igual.

Si quieres saber si tus capitales están donde deberían, mándanos tu póliza y te decimos lo que vemos.

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