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Cambiar de correduría: la carta de nombramiento, paso a paso

Cómo cambiar de correduría sin tocar tus pólizas: qué es la carta de nombramiento, por qué no pierdes antigüedad y qué no deberías tener que firmar.

El caso tipo es este. Un propietario tiene tres pólizas repartidas en tres sitios distintos: el hogar donde vive, un seguro de vida ligado a la hipoteca y el multirriesgo de un local que alquila. Quiere unificarlas en una sola correduría y llevar años dándole vueltas. Lo que le frena siempre es la misma duda: "si cambio, ¿tengo que anular los seguros y volver a empezar?".

No. Y esa confusión hace dos cosas: que mucha gente aguante años una situación que no le convence, o que haga el cambio por el camino equivocado y pierda algo que no hacía falta perder.

Qué es exactamente una carta de nombramiento

Cambiar de correduría no es cambiar de seguro. Son dos operaciones distintas y conviene separarlas desde el primer minuto.

La carta de nombramiento es un documento breve, firmado por el tomador de la póliza, en el que designas a un corredor de seguros para que gestione ante la aseguradora los contratos que tú indiques. Se remite a la compañía y esta anota el cambio de distribuidor en esas pólizas.

Eso es todo. No es una póliza nueva. No es una solicitud de seguro. No es una renuncia a nada. Cambia quién te representa ante la aseguradora; no cambia el contrato que tienes firmado con ella.

Normalmente recoge cuatro cosas: los datos del tomador, la relación de pólizas afectadas con su número y su compañía, la identificación del corredor designado con su clave de la DGSFP, y la fecha y la firma.

Qué pasa con el seguro que ya tienes

La póliza sigue viva y en vigor. No hay un solo día de interrupción: el día después del nombramiento tienes exactamente la misma cobertura que el día anterior.

Elemento de la póliza ¿Cambia con la carta de nombramiento?
Fecha de efecto y antigüedad No
Coberturas, capitales, límites y franquicias No
Prima, recibos y forma de pago No
Carencias ya cumplidas y estado de salud declarado No
Historial de siniestralidad No
Aseguradora No
Quien te asesora y tramita los siniestros

Lo único que se mueve es el interlocutor. La antigüedad, que en algunos ramos es lo más valioso que tienes, se queda donde estaba.

El error que sí cuesta dinero

El fallo clásico es dar de baja la póliza para volver a contratarla desde el nuevo despacho. Casi nunca hace falta y en algunos ramos sale caro:

  • Vida y salud. Se vuelve a empezar de cero: cuestionario de salud nuevo, tarifa según la edad que tengas hoy y carencias otra vez desde el primer día. Y todo lo que haya aparecido en tu historial entre medias pasa a ser una preexistencia. Merece la pena entender qué papel juega el cuestionario de salud antes de tocar nada.
  • Hogar, comercio y comunidades. Se pierde la trayectoria de la póliza y hay que reconstruir capitales y garantías que quizá estaban bien ajustados.
  • El hueco. Si la anulación y el nuevo contrato no encajan al día, quedan fechas descubiertas. Los siniestros no consultan el calendario.

Y si en algún momento sí hay que anular —porque además del corredor se cambia de aseguradora—, entran en juego los plazos de preaviso y la prórroga tácita, que no admiten improvisación. Están explicados aquí: renovar o cancelar tu póliza.

Quién firma y cuándo conviene hacerlo

Un particular firma como tomador de sus propias pólizas.

Una comunidad de propietarios firma a través de quien ostenta su representación, el presidente, normalmente con el administrador de fincas preparando la documentación. Ojo con la distinción: nombrar corredor es un acto de gestión; cambiar de aseguradora es otra cosa y ahí sí hay mayorías y plazos que respetar en junta. Si estás en ese punto, conviene revisar antes cómo funciona el seguro de comunidades.

Una empresa o un autónomo firma por medio del administrador o de un apoderado.

Sobre el momento: puedes hacerlo cualquier día del año. Pero es mucho más útil con margen antes del vencimiento, no en la misma semana. Ese margen es lo que permite revisar la póliza con calma y, si procede, negociar la renovación con tu aseguradora actual antes de que la prórroga se active sola. Cada compañía tiene además su propio procedimiento interno de tramitación, y eso también consume días.

Lo que no deberías tener que hacer

  • Dar explicaciones. No necesitas justificar el cambio ante nadie ni pedir permiso a tu corredor anterior.
  • Pagar por el nombramiento. El corredor se retribuye habitualmente mediante la comisión incluida en la prima. Si en un caso concreto se pactan honorarios, se acuerdan por escrito antes, nunca aparecen después.
  • Anular una póliza para que el cambio "sea efectivo". Ya has visto que no funciona así.
  • Firmar una exclusividad indefinida. El nombramiento lo puedes revocar cuando quieras, igual que lo firmaste.
  • Cambiar de aseguradora a la fuerza. Un corredor puede analizar tu cartera y concluir que estás bien donde estás. Es una conclusión perfectamente legítima y hay que poder decirla.
  • Repetir reconocimientos médicos ni volver a declarar lo que ya está declarado en un contrato vigente.

Y hay algo que sí deberías exigir antes de firmar: que quien te pide el nombramiento te identifique su clave en el registro de la DGSFP, te explique cómo cobra y te acredite su responsabilidad civil profesional. La normativa de distribución de seguros (RD-ley 3/2020) obliga a informar de todo eso antes de la contratación, y aquí está desarrollado: qué garantías debe acreditar tu corredor. Nosotros operamos con la clave J-4014 y los datos están en quiénes somos.

Qué hace falta tener a mano

Poca cosa, y casi todo lo tienes ya:

  1. Copia de las condiciones particulares de cada póliza que quieras traspasar.
  2. El último recibo de cada una, para ver prima y fecha de vencimiento.
  3. DNI o CIF del tomador.
  4. Aviso si hay algún siniestro abierto: sigue su tramitación con normalidad, pero el nuevo corredor tiene que conocerlo para hacer el seguimiento desde el principio.

Ese traspaso implica tratar tus datos y los de tus contratos, así que tiene que quedar claro por escrito para qué se usan y durante cuánto tiempo se conservan, conforme al RGPD.

Dónde entra un corredor

Cuando entra una cartera por carta de nombramiento, lo primero no es mover pólizas. Es leerlas: comprobar capitales, buscar solapes entre contratos que cubren lo mismo dos veces y, sobre todo, localizar los huecos, que en Canarias suelen repetirse —viento, salitre, humedades en fachadas expuestas, inmuebles que han cambiado de uso sin que la póliza se enterara—.

De ahí sale un mapa de lo que tienes. A partir de ahí, si conviene mover algo, se mueve con un análisis objetivo del mercado delante y no antes. Y si no conviene, se dice.

Si tienes las pólizas repartidas entre varios sitios y quieres verlas ordenadas en un solo cuadro, escríbenos con las condiciones particulares y te decimos qué vemos.

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