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Cuánto capital necesitas en un seguro de vida: cómo calcularlo

Cómo calcular el capital de un seguro de vida riesgo sin quedarte corto ni pagar de más: deudas, años de sostén, recursos propios y un ejemplo con números.

La pregunta llega siempre igual: "¿y cuánto pongo, 100.000?". La cifra sale de la nada, o sale del banco. Y es habitual encontrar pólizas de vida cuyo capital coincide exactamente con el préstamo pendiente, con la entidad como beneficiaria. El caso tipo es este: si el asegurado falta, la hipoteca queda saldada, y todo lo demás —el colegio, la compra, los recibos de cada mes— sigue exactamente igual de vivo, sin el ingreso que lo pagaba.

Qué cubre un seguro de vida riesgo

Un seguro de vida riesgo paga un capital si el asegurado fallece durante la vigencia de la póliza. Suele poder ampliarse con la garantía de invalidez absoluta y permanente, que en la práctica es la que más se activa en edades laborales.

No es un producto de ahorro. No acumula valor ni se recupera al vencimiento. Lo que compras es cobertura pura: por eso la prima es comparativamente contenida en edades jóvenes y sube con la edad. Y por eso el capital importa tanto: es lo único que hay.

El capital no se elige, se calcula

El capital no debe cubrir "tu vida". Debe cubrir el hueco financiero que deja tu ausencia. Ese hueco tiene cuatro piezas:

  • Deudas que quedan vivas. Hipoteca pendiente, préstamos personales, financiaciones del negocio con aval personal.
  • Años de sostén. Lo que aportas al año multiplicado por los años que hay que cubrir hasta que la situación se estabilice: que el hijo pequeño termine los estudios, que la otra parte de la pareja recupere ingresos.
  • Gastos inmediatos. Gastos funerarios, tramitación de la herencia, impuestos asociados y los reajustes de los primeros meses.
  • Menos lo que ya tienes. Ahorro disponible, capitales de otras pólizas, el seguro de vida de convenio si tu sector lo tiene, prestaciones a las que tu familia tendría derecho.

La resta de las tres primeras piezas menos la cuarta es tu capital orientativo. No es una ciencia exacta, pero es infinitamente mejor que una cifra redonda elegida por intuición.

Un ejemplo con cifras redondas

Solo para ilustrar el mecanismo. Los números de tu caso serán otros:

Concepto Importe
Hipoteca pendiente 180.000 €
Préstamo personal 12.000 €
Sostén familiar: 24.000 €/año × 10 años 240.000 €
Gastos inmediatos y sucesión 15.000 €
Subtotal de necesidades 447.000 €
Ahorro disponible y capitales ya asegurados −90.000 €
Capital orientativo 357.000 €

Redondeando, 350.000 €. Muy lejos de los 100.000 € que se habrían puesto "a ojo", y también lejos del millón que a veces se propone sin justificación.

Un apunte: si tu familia extensa está en otra isla o en la península, ese colchón informal de apoyo tarda más en llegar de lo que se piensa. Súbelo al cálculo, no lo des por supuesto.

El seguro de la hipoteca no es tu seguro de vida

Es el error más frecuente. La póliza vinculada al préstamo se dimensiona para proteger a la entidad, no a tu familia. Conviene distinguir dos cosas:

Capital decreciente o constante. El decreciente acompaña al saldo pendiente del préstamo: cada año cubre menos, porque cada año debes menos. Abarata la prima y tiene sentido para la deuda. Pero no deja nada para el resto.

Quién es el beneficiario. Si la entidad figura como beneficiaria a primer requerimiento, el capital va íntegro a cancelar la deuda. Tu familia se queda con la casa, sí, y sin liquidez.

La Ley 5/2019, de contratos de crédito inmobiliario, prohíbe las prácticas de venta vinculada en estos préstamos y obliga a la entidad a aceptar pólizas alternativas de otro proveedor con condiciones equivalentes, sin cobrarte por el análisis de esa alternativa. Es decir: puedes tener el seguro que exige la hipoteca donde tú quieras, y dimensionar aparte lo que de verdad necesita tu familia.

Pasarse también cuesta dinero

Quedarse corto se paga el peor día. Pasarse se paga todos los meses, durante veinte o treinta años, y muchas veces acaba en una baja del seguro justo cuando más falta hacía.

Señales de que el capital está sobredimensionado: no tienes personas económicamente dependientes de ti, la hipoteca está casi amortizada, o has ido acumulando pólizas de vida en cada operación bancaria sin dar de baja las anteriores. Eso último es más común de lo que parece: tres pólizas pequeñas, tres primas, tres gestiones y ninguna revisada.

Beneficiarios y declaración de salud

Dos detalles que deciden si el dinero llega bien y llega a quien debe.

La designación de beneficiarios. "Los herederos legales" es una fórmula cómoda y muchas veces desafortunada: cambia si cambia tu situación familiar, y puede llevar el capital a alguien que no habías pensado. Se puede designar y modificar por nombre, y conviene revisarlo tras un divorcio, un nacimiento o un cambio de pareja.

La declaración de salud. El artículo 10 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro obliga al tomador a declarar con exactitud las circunstancias por las que se le pregunta. Omitir un antecedente médico para conseguir mejor prima no es un atajo: es la vía directa a un problema en el momento del pago. Se responde con la verdad, y si hay un antecedente relevante, se busca la aseguradora que lo asume.

Dónde entra un corredor

Como corredores de seguros, el trabajo empieza antes de pedir precios: sentarnos con tus números, calcular el hueco real, mirar qué coberturas ya tienes duplicadas y solo entonces buscar en el mercado sobre la base de un análisis objetivo. Cuando la conclusión es que ya estás bien cubierto, lo decimos igual.

Puedes ver cómo trabajamos el ramo en seguros de vida y salud, y si eres autónomo o tienes una sociedad, conviene mirarlo junto con las coberturas de empresa: hay solapamientos que solo se ven poniendo todas las pólizas encima de la mesa.

Si quieres una cifra calculada y no una intuición, cuéntanos tu caso y lo revisamos contigo.

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