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Garaje, trastero y piscina: los tres huecos del seguro de comunidad

Garajes, trasteros y piscina concentran los siniestros que el seguro de comunidad no acaba de cubrir. Qué mira una aseguradora y qué revisar en tu póliza.

Una tarde de aguacero, el agua baja por la rampa y entra en el sótano. Se moja el cuadro eléctrico, se quema la bomba de achique, la puerta motorizada deja de subir y en cuatro trasteros hay veinte centímetros de agua. La comunidad da parte y la aseguradora responde: la puerta, sí; la bomba, no; lo que había dentro de los trasteros, tampoco. Y todo estaba escrito en la póliza.

Garaje, trastero y piscina son las tres zonas donde más veces se rompe la expectativa. No porque las aseguradoras se porten mal, sino porque son elementos comunes con reglas propias que casi nadie lee hasta que hay un parte abierto.

Por qué precisamente estos tres

La Ley 49/1960 de Propiedad Horizontal considera comunes los elementos de uso general del edificio, y la póliza de la comunidad los asegura como tales. Hasta ahí, sencillo. El problema aparece en tres frentes:

  • La frontera entre continente y contenido. La comunidad asegura la obra y las instalaciones fijas. Lo que cada propietario guarda dentro no es suyo.
  • El uso intensivo y el desgaste. Ninguna póliza cubre el deterioro progresivo. Y aquí, con salitre y humedad, el deterioro va deprisa.
  • La responsabilidad frente a terceros. Un garaje y una piscina no solo se dañan: también pueden dañar a alguien.

El garaje: el agua entra por abajo

Los sótanos de las Islas están pensados para un clima que casi nunca llueve, y por eso sufren tanto cuando llueve de golpe. Los puntos que fallan una y otra vez:

Entrada de agua por la rampa. Muchas pólizas cubren la lluvia a partir de una intensidad determinada, o excluyen el agua que penetra por aberturas del edificio. Conviene saber qué dice exactamente la tuya sobre el agua que entra a nivel del suelo.

Bombas de achique y cuadros eléctricos. Se pagan si el daño viene de un suceso cubierto, no si vienen de años sin mantenimiento. Un contrato de mantenimiento vigente y facturas guardadas cambian por completo la conversación con el perito.

La puerta motorizada. Es la pieza que más se avería y la que más veces está fuera del capital de continente. Revisa si figura como instalación asegurada y con qué límite.

Responsabilidad civil. Una caída en la rampa, un golpe de la puerta al cerrarse, un desprendimiento del techo. Aquí responde la comunidad como titular de la instalación, y responde con la cobertura de responsabilidad civil de su seguro de comunidad.

Los trasteros: mucho valor dentro, poco capital fuera

El trastero es el punto ciego clásico. La comunidad asegura las paredes, la puerta y la instalación eléctrica. Lo que hay dentro —herramienta, mobiliario, material de un autónomo, existencias de un pequeño negocio— es contenido privativo, y salvo pacto expreso no lo cubre la póliza comunitaria.

Dos consecuencias prácticas:

  1. Ese contenido se asegura desde la póliza individual de cada propietario. Muchos seguros de hogar extienden cobertura al trastero anejo, pero con sublímites bajos y a veces solo si está en el mismo edificio. Hay que mirarlo, no suponerlo.
  2. La cobertura de robo casi siempre exige señales de fuerza. Una puerta abierta con llave o un candado que aparece sin marcas suele quedar fuera.

Y una advertencia que damos siempre: guardar material inflamable o mercancía en un trastero puede agravar el riesgo del edificio entero. La Ley 50/1980 de Contrato de Seguro obliga al tomador a comunicar las circunstancias que agravan el riesgo (artículo 11). Si la comunidad sabe que ocurre y calla, tiene un problema añadido al del incendio.

La piscina: el riesgo de verdad no es el vaso

El vaso se rompe pocas veces. La depuradora, la bomba y el cuadro eléctrico se estropean muchas, sobre todo cerca del mar: la corrosión por salitre es un desgaste, y el desgaste no es un siniestro.

Lo importante en piscina es la responsabilidad civil. La comunidad, como titular de una instalación de uso colectivo, debe cumplir la normativa sanitaria autonómica sobre piscinas de uso público: control del agua, señalización de profundidad, socorrista cuando proceda por aforo o dimensiones, y cierre de acceso fuera de horario. Si hay un accidente y la instalación no cumplía, la aseguradora puede discutir el siniestro con toda la razón.

Añade un detalle canario: si en el edificio hay viviendas vacacionales, la piscina la usan personas que no son propietarios ni sus invitados. Eso puede activar exclusiones o exigir una ampliación expresa. Es una conversación que hay que tener con la aseguradora antes, no después.

Qué revisar en cada uno

Elemento Lo que suele estar cubierto Donde falla
Garaje Obra, instalación eléctrica fija, RC por accidentes Entrada de agua por rampa, puerta motorizada, bombas sin mantenimiento
Trastero Paredes, puerta e instalación de la comunidad Contenido privativo, robo sin fuerza, material inflamable no declarado
Piscina Vaso, maquinaria por daño súbito, RC Corrosión y desgaste, incumplimiento de normativa sanitaria, uso por no residentes

Cuatro comprobaciones antes de la próxima renovación:

  1. Que los tres elementos aparezcan nombrados en las condiciones particulares, no dados por supuestos.
  2. Los sublímites: puerta de garaje, daños eléctricos, robo en zonas comunes.
  3. Las cláusulas limitativas. La Ley 50/1980 exige que se destaquen de modo especial y se acepten por escrito (artículo 3). Si aparecen escondidas, hay margen para discutirlas.
  4. El capital de responsabilidad civil. En un edificio con piscina y garaje, un límite antiguo se queda corto enseguida.

Dónde entra un corredor

Como corredores de seguros, cuando revisamos una póliza de comunidad no empezamos por el precio: empezamos por leer qué hace la póliza con estos tres elementos. Luego pedimos alternativas a varias aseguradoras sobre la base de un análisis objetivo y llevamos a la junta un comparativo donde se vea, línea a línea, qué cubre cada una.

En muchos casos la conclusión es que la póliza está bien y solo falta declarar la piscina o subir un sublímite. Cuando es así, lo decimos: el objetivo es que el día del siniestro nadie descubra nada nuevo.

Si eres presidente, vocal o administrador de fincas y quieres una lectura honesta de tu póliza, mándanosla y te decimos lo que vemos.

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